Ésta es una regla en la vida: hay cosas, que el hombre debe pasar – quiera o no quiera – sin poder escaparse de ellas, y toda su elección es sólo cómo las pasará. Si lo hará con la creencia que “Todo es para bien” – será dichoso y feliz, porque verá cómo se le transforman para bien. Pero si él vive sin esa creencia, entonces sólo estará amargado, insatisfecho y quebrado; se quejará, se culpará a sí mismo y a los otros y toda su vida será amarguras y oscuridad.