La historia no comienza con un asesinato, sino con una correspondencia. En 1987, Michel Fourniret, un depredador con antecedentes, contactó desde prisión a Monique Olivier. Ambos sellaron un pacto escalofriante: ella le ayudaría a capturar "víctimas puras" a cambio de que él eliminara a personas de su pasado. Esta alianza convirtió a un agresor común en un asesino en serie prácticamente indetectable.