Cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón al pecado, Satanás nos infunde pensamientos equivocados. Por lo general, ahí se originan la división, el odio, la falsa culpa, la ira, la inmoralidad, la rebelión, y nuestra permisividad frente a las prácticas ocultas. Esa es la razón fundamental de usar la armadura de Dios, estar listos para presentar defensa.