El problema no era Goliat. El problema era dejar que la voz de Saúl (el método tradicional) y la voz de Eliab (el menosprecio familiar) apagaran la evidencia de su historia con Dios. ¿Y qué hizo David? Se negó. Literalmente se quitó la armadura. Dijo: “Esto no me sirve, no lo he probado.”