Ella era perfecta. Misteriosa, elegante… y peligrosa. Se convirtió en mi asistente, pero desde el primer día, supimos que la relación no iba a ser solo profesional. Un juego de poder y deseo, de silencios que provocan y miradas que prometen más de lo que dicen. Porque algunas mujeres no buscan permiso. Solo buscan… respuesta.