El tratar de desenvolvernos sin fortalecer nuestro interior, nos parece tan poco sensato como privarnos del aire, de la comida o de la luz del Sol. Cuando nos negamos a meditar, privamos a nuestras mentes, emociones e intuiciones de un apoyo vital y necesario. Así como el cuerpo puede fallar en sus funciones por falta de alimento, también puede fallar el alma.