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“El sacrificio de Cristo justifica a los pecadores, por lo tanto pon tu fe en Él.”
En este sermón se expone Romanos 3:19–31 y Romanos 4 para responder dos preguntas fundamentales del evangelio: cómo es justificado el pecador y quiénes pueden ser justificados delante de Dios. El pasaje muestra que la ley revela el pecado, pero no puede salvar, y que ninguna obra humana puede producir justicia aceptable ante el Señor.
La enseñanza desarrolla con claridad que la justificación es un acto de gracia: Dios declara justo al culpable sobre la base del sacrificio sustitutivo de Jesucristo. No es por méritos, disciplina religiosa ni rendimiento moral, sino por fe en Aquel que murió y resucitó por los pecadores.
A través de los ejemplos de Abraham y David, se confirma que la salvación siempre ha sido por fe y está disponible para todo aquel que cree, sin distinción. La jactancia humana queda excluida y la esperanza descansa completamente en la obra perfecta de Cristo.
Un mensaje que confronta la confianza en el esfuerzo propio y dirige el corazón a descansar en la gracia de Dios.
By Iglesia Familia de Fe“El sacrificio de Cristo justifica a los pecadores, por lo tanto pon tu fe en Él.”
En este sermón se expone Romanos 3:19–31 y Romanos 4 para responder dos preguntas fundamentales del evangelio: cómo es justificado el pecador y quiénes pueden ser justificados delante de Dios. El pasaje muestra que la ley revela el pecado, pero no puede salvar, y que ninguna obra humana puede producir justicia aceptable ante el Señor.
La enseñanza desarrolla con claridad que la justificación es un acto de gracia: Dios declara justo al culpable sobre la base del sacrificio sustitutivo de Jesucristo. No es por méritos, disciplina religiosa ni rendimiento moral, sino por fe en Aquel que murió y resucitó por los pecadores.
A través de los ejemplos de Abraham y David, se confirma que la salvación siempre ha sido por fe y está disponible para todo aquel que cree, sin distinción. La jactancia humana queda excluida y la esperanza descansa completamente en la obra perfecta de Cristo.
Un mensaje que confronta la confianza en el esfuerzo propio y dirige el corazón a descansar en la gracia de Dios.