
Sign up to save your podcasts
Or


Lina subió las escaleras del desván pisando con cuidado para no hacer crujir la madera. Su abuelo Martín le había dicho que allí arriba guardaba algo especial para ella, pero que solo podría encontrarlo si buscaba con paciencia. El desván olía a papel viejo y a canela. Había cajas de cartón apiladas hasta el techo, un baúl con pegatinas de ciudades lejanas y una mecedora cubierta con una sábana blanca. La luz entraba por una ventana redonda y dibujaba un círculo dorado en el suelo. —Calcetín, ven aquí —llamó Lina a su gato, que la había seguido escaleras arriba. Calcetín era un gato naranja con las patas blancas, como si llevase calcetines puestos. Se acercó ronroneando y se frotó contra una caja pequeña de madera que había debajo de la mecedora. —¿Será eso? —Lina se arrodilló y abrió la caja. Dentro, sobre un trozo de terciopelo azul, había una brújula. Era redonda, dorada y un poco abollada. Pero la aguja no señalaba el norte. Giraba despacio, como si estuviera pensando, y se detuvo apuntando hacia la ventana. —Qué rara —dijo Lina dándole vueltas. En la tapa de la caja había una nota escrita con la letra temblorosa de su abuelo: «Esta brújula no busca direcciones. Busca a quien necesita ayuda. Síguela y verás.» Lina miró a Calcetín, que movía las orejas como si también hubiera leído la nota. —¿Vamos a probarla? —preguntó Lina con una sonrisa enorme. Calcetín maulló y bajó las escaleras a toda velocidad. Lina guardó la brújula en el bolsillo de su chaqueta y salió corriendo detrás de él.
By Relatia.esLina subió las escaleras del desván pisando con cuidado para no hacer crujir la madera. Su abuelo Martín le había dicho que allí arriba guardaba algo especial para ella, pero que solo podría encontrarlo si buscaba con paciencia. El desván olía a papel viejo y a canela. Había cajas de cartón apiladas hasta el techo, un baúl con pegatinas de ciudades lejanas y una mecedora cubierta con una sábana blanca. La luz entraba por una ventana redonda y dibujaba un círculo dorado en el suelo. —Calcetín, ven aquí —llamó Lina a su gato, que la había seguido escaleras arriba. Calcetín era un gato naranja con las patas blancas, como si llevase calcetines puestos. Se acercó ronroneando y se frotó contra una caja pequeña de madera que había debajo de la mecedora. —¿Será eso? —Lina se arrodilló y abrió la caja. Dentro, sobre un trozo de terciopelo azul, había una brújula. Era redonda, dorada y un poco abollada. Pero la aguja no señalaba el norte. Giraba despacio, como si estuviera pensando, y se detuvo apuntando hacia la ventana. —Qué rara —dijo Lina dándole vueltas. En la tapa de la caja había una nota escrita con la letra temblorosa de su abuelo: «Esta brújula no busca direcciones. Busca a quien necesita ayuda. Síguela y verás.» Lina miró a Calcetín, que movía las orejas como si también hubiera leído la nota. —¿Vamos a probarla? —preguntó Lina con una sonrisa enorme. Calcetín maulló y bajó las escaleras a toda velocidad. Lina guardó la brújula en el bolsillo de su chaqueta y salió corriendo detrás de él.