Cualquier líder que quiera transformar a Colombia tiene que unirla. No lo puede hacer solo, va a tener que trabajar con gente que piensa distinto.
La posición moralista extrema, que divide al mundo entre buenos y malos, aunque puede ser rentable políticamente, no es buena para gobernar. Si uno divide para ganar no podrá ser un transformador.
El arte de la política es encontrar un balance, es ser fiel a los principios sin refugiarse en la pureza moral.
El mayor reto de un líder político en Colombia hoy, cuando los ciudadanos han perdido la confianza en las instituciones democráticas es moralizar la política y al mismo tiempo no renunciar a la responsabilidad del cambio.