Cuando la administración de Kennedy tomó el testigo en la carrera espacial, la superioridad rusa había quedado patente no solo por su anticipación en la puesta en órbita del primer satélite artificial (Sputnik-1), en el lanzamiento al espacio del primer ser vivo (la perrita Laika), en el envío de la primera sonda al espacio exterior (Lunik-1), en alcanzar la Luna con el primer proyectil interplanetario (Lunik-2) y en fotografiar la cara oculta de la Luna (Lunik- 3), sino también por la enorme capacidad de colocar en órbita terrestre ingenios de gran masa, frente al exiguo porte de sus equivalentes estadounidenses.
Dispuesto a llevar a su país al puesto honorífico que el presidente Kennedy estaba convencido que le correspondía dirigió al Congreso el 25 de mayo de 1961 cuatro meses después de asumir la Presidencia, un discurso en el que exponía su política espacial