Llegan al mundo espiritual con los sentimientos que los dominaban en el momento de la muerte. Algunos creen estar todavía combatiendo: tienen que apaciguarse. Otros imaginan que se volvieron locos, al ver transformarse de súbito el medio a su alrededor. Nada de esto os sorprenderá porque ya podéis imaginar en que terrible estado de tensión del espíritu, semejante a la locura, se
desempeñan las batallas. Hay otros que piensan haber sido gravemente heridos sin haberse dado cuenta de eso.