Cinco meses y aquí seguimos: encuarentenados.
Hemos perdido o transformado el orden del tiempo, y tanto hemos perdimos el control del orden, que ahora, tal vez, sólo queda ceder y construir nuestra(s) nueva(s) normalid(es). Tal vez este es un nuevo punto de partida para observar lo perdido y lo obtenido, un punto de pausa que nos permite observar el movimiento de lo externo y darnos cuenta que nada se detiene y que la fragilidad nos acompaña a cada instante.