Tu viaje a la Cueva de tu ombligo y de nuestra sangre compartida ya empezó desde el momento en que recibiste nuestra invitación. El nuestro también. Ha sido un proceso de alientos largos y expresiones intensas para darle verdad a este momento. Queremos compartir contigo, sin saber bien cómo, las emociones que nos han atravesado en esta creación, y hacerlo desde la escucha. Disfruta del camino.