Nadie olvidará jamás la noche en la que el Barça de Messi fue eliminado de la Champions en Roma malgastando un 4-1 de la ida. El 3-0 en el Olímpico forma parte ya de la historia negra del equipo azulgrana en la Champions League. Fue el Barça de París y de Turín, ese equipo superado, frío, desconectado, hasta apático, huérfano de todas las señas de identidad del Barça de Valverde, desconocido en el Olímpico. Ningún jugador estuvo cerca de su nivel, salvo Ter Stegen, que encajó tres goles por primera vez esta temporada después de la Supercopa. Seguramente, el mayor ridículo de la historia culé en Champions. Un varapalo que costará tiempo de encajar en Can Barça.