El progreso y la tecnología han traído numerosos beneficios, también han contribuido a una disminución del trato humano en nuestras vidas diarias. Reconocer esta realidad es el primer paso para abordar el problema. Es crucial encontrar un equilibrio que permita aprovechar las ventajas del avance sin sacrificar la esencia de nuestra humanidad. Fomentar la empatía, valorar el tiempo compartido y priorizar las relaciones auténticas puede ayudarnos a contrarrestar la tendencia hacia la deshumanización y a construir una sociedad más conectada y compasiva.