La verdadera obediencia no surge del temor ni de la obligación, sino de una fe genuina que nos lleva a confiar plenamente en Dios. Cuando creemos en Su palabra, Su carácter y Sus promesas, obedecer se
convierte en una respuesta natural y voluntaria de amor. Basado en Hebreos 11:6 y la historia de Abraham, mostrando cómo confiar en Dios nos fortalece para obedecer en momentos de incertidumbre.