El mayor desafío del misionero es superar el desaliento sabiéndose acompañado por Dios; cada uno debe descubrir su “Roma”, el destino donde está llamado a dar su vida y cumplir su misión.
El mayor desafío del misionero es superar el desaliento sabiéndose acompañado por Dios; cada uno debe descubrir su “Roma”, el destino donde está llamado a dar su vida y cumplir su misión.