Ser elegidos tiene un propósito en Dios: compartir la bendición y llevar a otros a su encuentro; no se trata de sentirnos superiores. El Espíritu Santo es quien nos impulsa a servir.
Ser elegidos tiene un propósito en Dios: compartir la bendición y llevar a otros a su encuentro; no se trata de sentirnos superiores. El Espíritu Santo es quien nos impulsa a servir.