La alegría del mundo es frágil, pero la de Cristo permanece incluso en la dificultad. Quien vive con el Evangelio y vive en el Espíritu Santo posee lo esencial para ser feliz.
La alegría del mundo es frágil, pero la de Cristo permanece incluso en la dificultad. Quien vive con el Evangelio y vive en el Espíritu Santo posee lo esencial para ser feliz.