Muchos creyentes son religiosos: asisten a la Iglesia en forma rutinaria, porque no han tenido la verdadera experiencia del nuevo nacimiento; de recibir la Gracia de Dios. Es una obra transformadora de perdón de todos los pecados y santificación sobrenatural, maravillosa, gratuita e inmerecida: de cuerpo, alma y espíritu. Así Cristo está en nosotros: repudiamos todo lo pecaminoso.