sufrieron desperfectos, resultando muchos pilotos muertos o heridos. La mayoría de los pilotos rusos más competentes habían sido evacuados. Por otra parte, el mando de la República no había conseguido adaptar la aviación a las necesidades del ejército. A principios de agosto, la República había perdido el dominio del aire. Así quedó más que desvirtuada la ventaja que suponía el hecho de dominar las elevaciones del terreno. Durante la contraofensiva, la aviación nacionalista arrojó 4.500 kg de bombas diarias. Pero los ingenieros republicanos eran de gran tenacidad y reparaban los puentes antes de que terminase el bombardeo. Este período de la batalla fue acaso más notable por la dificultad que suponía atacar blancos pequeños: para destruir un puente de pontones se necesitaban 500 bombas.