El ministro de Energía, Álvaro Nadal, intensificó esta semana su guerra contra las compañías eléctricas. Calificó al sector de monopolio y lo hizo delante de la aristocracia del sector durante un acto. No es el primer enfrentamiento que tiene con ellos, la cosa viene de atrás. Nadal, que a ratos parece un podemita, a ratos un memo incapaz de atarse los cordones y siempre un sorayo de estricta observancia, quiere pasar a la historia y dejar un mapa eléctrico hecho a la medida de sus prejuicios, que son muchos. No es el primero que lo ha intentado, pero si el que más se lo ha creído.
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