Ah, el Año Nuevo. Esa farsa colectiva. Esa desesperada y sudorosa súplica global por una "pizarra limpia". Como si el simple giro de una manecilla pudiera absolver la podredumbre acumulada en los doce meses anteriores. Querías algo visceral. Algo que te haga sentir la carne debajo de la piel
Prepárate. Porque lo que voy a contarte no es una historia de fantasmas. Es una historia sobre la arquitectura de la carne y el tiempo, y lo que sucede cuando los cimientos ceden. ¡Feliz año nuevo!