El auge del ‘streaming’ ha creado un escenario donde la intimidad, el dolor y la autodestrucción pueden convertirse en espectáculo y negocio. ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad como espectadores?
El auge del ‘streaming’ ha creado un escenario donde la intimidad, el dolor y la autodestrucción pueden convertirse en espectáculo y negocio. ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad como espectadores?