Hace unas décadas esto era inimaginable, el plástico fue un invento maravilloso que nos hacía la vida más fácil, cómoda y limpia, entre comillas. Que organizabas una fiesta y no querías fregar luego, cubiertos de plástico, que querías guardar algo, cajas de plástico, que ibas a la compra, bolsa de plástico.
El problema es que en aras de las comodidad y la higiene se plastificó nuestra vida, y claro, somos muchos millones haciendo lo mismo en todo el mundo.
Y esos plásticos, que fueron una bendición, se convirtieron en un gran problema, esos tenedores, o bolsas se fraccionan en pequeños fragmentos que lo inundan todo. Creo que no me equivoco si afirmo que ya no puede existir un kilómetro de costa, por muy salvaje que sea, que no tenga su porción de microplásticos.
Ahora esos fragmentos también en nuestro cuerpo, por lo ingerimos sin darnos cuenta, ya están en nuestra cadena trófica y lo peor es que no tiene una solución sencilla.
Por último una cifra: En 2017, se produjeron en el mundo 348 millones de toneladas de plástico.