Corría el mes de diciembre del año de 1930 en el pintoresco pueblo de Aranzazú, el auge minero que vivía la región permitía a la compañía minera Silver Cooper Company ser uno de los bastiones más importantes en el norte de Zacatecas, los dueños de la compañía se hacían de grandes propiedades y sus construcciones asemejaban fortalezas de un gran imperio.