El estar sometido a una rutina (laboral, estudiantil o de cualquier índole) induce a las personas a un estado de agotamiento y hastío hasta por la vida misma. En este punto es donde debemos buscar distracciones que aligeren estas tareas. Y el fútbol es un elemento extremadamente poderoso y útil a la hora de cumplir con esta labor, pues en un espacio de dos horas podemos olvidarnos de los problemas que rodean nuestra cotidianidad y sumirnos en la euforia y pasión que genera ver a once tipos portando colores que nos representan.
Camisetas, banderas y cánticos originales son elementos que forjan una nueva identidad en cada aficionado. Derivando en una personalidad dual, teniendo por un lado a la persona mecánica y por el otro a la efusiva y sentimental. Y esto último es el punto de quiebre para la rutina, pues la incertidumbre ante cada jugada, el estar al filo de los asientos cuando el tiempo se acaba y el desahogo furioso y expiador tras cada grito de gol, nos cambia aunque sea de forma efímera la opresión de la rutina por la emoción del gol. Y en el caso de que salgan victoriosos, pueden transformar un mal día en un recuerdo imborrable.
Sergio Andrés Sánchez Pérez –
[email protected]Imagen de Juan Higuita (estudiante de Periodismo. UdeA)