¿Se ha preguntado alguna vez por qué, a pesar de los peligros que enfrentamos, generalmente resultamos airosos? La respuesta es sencilla: la mano poderosa de Dios nos guarda. Él atiende nuestras oraciones y nos proteje. No dejamos de clamar, que nos cubra con su amor, gracia y protección.
Audio reflexión de Fernando Alexis Jiménez
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