Algunos jóvenes piensan que cumplir 18 años es la edad en la que uno puede hacer lo que quiera, incluso romper las reglas o mostrar ciertos comportamientos de rebeldía en contra de nuestros valores. Otros tantos piensan que es la edad de perderse a uno mismo y comerse al mundo a puños agigantados, muchas veces cayendo en el falso juego de las drogas y el alcoholismo sin salida.