Hay nostalgias que no duelen, pero pesan. La morriña es esa bruma suave que nos envuelve cuando el alma recuerda lo que amó y ya no tiene cerca. No es tristeza del todo, ni alegría completa: es un eco cálido, una ausencia que acaricia.
Un suspiro que viene del pasado, una emoción que no se puede traducir pero todos, en algún momento, la hemos sentido.
Un regreso interior a lo que fuimos, a donde fuimos felices… aunque sea sólo por un instante.