Decir que no no es un acto de rebeldía. Es un acto de identidad. Es el instante en el que alguien deja de traicionarse para empezar a escucharse. Es la frontera invisible entre el miedo a perder y el valor de respetarse.
¿Por qué nos cuesta tanto negarnos?
¿Por qué preferimos el desgaste silencioso antes que el conflicto honesto?
¿A cuántas cosas hemos dicho sí… cuando por dentro gritábamos no?