Sobre Crimea vuelan las águilas rompiendo el cielo, la noche desata un augurio de muerte, una masacre de sueños clavados a sus alas.
¿Quiénes son aquellos que cedieron su existencia en las entrañas de Lubyanka?
- ¿Acaso importa ya? –
¿Quiénes apagaron sus arpas y sus aulodias entre penachos de rocío y agitación?
Solo los poetas pueden ahogarse en la sangre de otros y no morir, solo los versos resucitan a los mortales para de nuevo volverlos a su fin.
Porque la noche azabache donde aquellos se elevaron quedó en las memorias de cada estrella y luna que cual testigo sufrió en sus carnes…los golpes brutales de una armadura oxidada de ideales.
Ahora el Mar es más Negro, y la opacidad de la historia nos deja centellas de un color misterioso y atroz.
Llantos soterrados en el silencio, crudeza de una justicia que nunca llegó.
Aquella noche las almas se amotinaron con desconsuelo, buscando un paraíso para escapar del fragor.
Y yo a esta hora recuerdo, confundido en Varsovia, a esta hora pienso en Treblinka y en los párpados aciagos de la historia…