Un chaleco de plomo protege en determinadas circunstancias, pero también pesa, limita los movimientos y agota a quien lo lleva. La obsesión funciona de forma parecida: al principio parece ofrecer seguridad, control o la promesa de alcanzar una meta, pero con el tiempo puede convertirse en una carga que consume energía, reduce la capacidad de disfrutar del presente y estrecha la perspectiva.