Tenemos defectos. Algunos tal vez muy arraigados. Nos “arrugamos” ante ellos y transigimos inconscientemente. Y cuando palpamos sus consecuencias: v.g. en la falta de eficacia en el apostolado, reaccionamos mál: o hundiéndonos o pensando que la culpa está en los otros o en otras circunstancias que están fuera de mí. Delante del Señor vamos a tratar de encontrar esas luces tan necesarias para que este peligro no nos dañe en nuestro caminar hacia una santidad plena y llena de eficacia apostólica.