En cualquier lugar, donde se escuche con atención, la Palabra de Dios; está el Espíritu Santo. Si hay un hombre o una mujer clamando: pidiendo ayuda, perdón y misericordia; ahí estarán el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; sin acepción de personas, ni lugares. Dios no desecha a nadie. Si alguien se humilla y clama, con toda su alma: allí estará el Espíritu Santo, el Consolador.