Era un hombre respetado. Añoso, pañuelo al cuello, cabello largo atado con cola y sombrero. Era un mendigo, al que le dieron permiso para dormir en la plaza. Desde allí contemplaba el mundo. Y vió el dolor extremo de un hombre triste.
Era un hombre respetado. Añoso, pañuelo al cuello, cabello largo atado con cola y sombrero. Era un mendigo, al que le dieron permiso para dormir en la plaza. Desde allí contemplaba el mundo. Y vió el dolor extremo de un hombre triste.