Dice la Palabra de Dios, que no hay ni uno justo. Todos tienen que arrepentirse. Dios ha tenido una paciencia muy grande y muchos ateos se han convertido. Él no quiere que nadie se pierda. Quiere que se complete el número de personas que han de ser salvas. Por esta razón, Cristo dejó su Palabra, para que se predique por todo el mundo, a todas las naciones: entonces vendrá el fin.