Nehemías 1:3-4 (La Palabra)
Me respondieron: — Los que han sobrevivido a la cautividad y viven en aquella provincia se encuentran en una situación lamentable y humillante. Las murallas de Jerusalén siguen derruidas y sus puertas quemadas.
Al oír estas palabras me senté, rompí a llorar y durante algunos días hice duelo, orando y ayunando en presencia del Dios de los cielos.
PENSAR: Muchas veces preguntamos “¿Cómo estás?” Y casi siempre respondemos superficialmente. Esta pregunta se puede convertir en algo crucial cuando se responde sinceramente. En la historia de Nehemías, la respuesta a su pregunta tan sencilla: “¿Cómo está la gente que vive en Jerusalén?” fue algo decisivo para cambiar el rumbo de su vida.
“¿Cómo estás?” es una pregunta que puede llegar a tener mucha importancia. ¿Cómo estamos después de tantos meses de pandemia? ¿Podemos hacer un recuento de los daños? ¿Y cómo vamos a reaccionar ante la respuesta, que puede ser dramática y trágica?
Nehemías recibió una respuesta que le provocó un impacto tremendo. La situación era “lamentable y humillante”. Las brechas y aberturas en la muralla de la ciudad la hacían inservible como sistema de seguridad. En las noches, bandas de ladrones podían entrar en la ciudad para robar, violar y matar, saquear e incendiar a su antojo. Las puertas incendiadas eran inútiles para resguardar a la población.
La ciudad que debía ser luz a las naciones se encontraba en una situación horrible. Los bandoleros una y otra vez podían entrar a robar y lastimar, a secuestrar y matar sin compasión. Después de décadas en esas circunstancias, se generaba una manera de ser en el pueblo, un autodesprecio, por considerarse a sí mismos como despojo o basura.
La respuesta de su hermano Jananí sumió a Nehemías en una tristeza profunda. Se sentó a llorar. No fue simplemente un sentimiento pasajero de tristeza, sino que era necesario sentarse. Quiere decir, prestarle su debida atención al asunto. Es necesario enfrentar el dolor, recibir la tristeza y no evadirla. Es muy común hoy en día pensar que los creyentes no debemos mostrar dolor, que debemos tener fe y creer que “somos victoriosos”. Esto es cierto, pero no es bueno pasar por alto el dolor.
Nehemías tomó en serio la tarea de llorar. No hay nada malo en las lágrimas. Hay tiempo de llorar, y es necesario vivir este tiempo. Este tiempo que ha vivido la iglesia y el mundo en la pandemia es un tiempo para sentarse y llorar. Sabemos que Dios consuela, y que son bienaventurados los que lloran, porque recibirán esa consolación.
ORAR: Señor, que hoy podamos sentir tu dolor por el mundo y por tu pueblo, y la esperanza que hay en el evangelio. Amén.
IR: Que Dios nos ponga en el corazón lo que haga falta para vivir según su buena voluntad.