La primera promesa navideña en la Biblia se encuentra en la descripción sobria de las consecuencias de la desobediencia de Adán y Eva. La promesa es que un día una mujer tendría un hijo que atacaría la raíz de nuestro dolor, expondría la causa de nuestro pecado y derrotaría al enemigo de nuestra alma. La primera promesa de Navidad no fue envuelta en hermosos moños ni anunciada por los ángeles, fue dada en respuesta a una situación desesperada. Se habló en el contexto de la devastación que provocó el pecado.