Una vez más, una parte de las sociedades modernas, que han proliferado al dar a los ciudadanos libertades inimaginables hace un siglo, se inclinan a dar su apoyo a aquellos que representan, no solo políticamente, lo arcaico y lo anacrónico; a aquellos que venden protección y seguridad bajo los ideales adulterados de familia, patria, amor...y que, en realidad, pretenden llevar a la sociedad libre su forma disciplinada de ver el mundo. Un mundo sin matices donde la ley y el orden imperan, donde lo bueno es lo correcto y lo malo todo aquello que se salte las ordenes que se han dictado; un mundo donde solo se puede educar como ellos han determinado que es correcto, con los contenidos prefijados y sin posibilidad de salirse de ellos, de dar una opinión que no sea la aceptada. Un mundo acrítico donde el individuo acepta, estoico, todos los avatares de la vida sin mostrar el estigma de la insubordinación, sin mostrar dudas sobre la orden recibida. Por Mikel Casero Pina