Somos humanos, nos suceden cosas, sentimos dolores, frustraciones y decepciones; sufrimos injusticias. Y por todo ello nos quejamos. Y tenemos derecho a ello. En su justa medida la queja es una catarsis que nos alivia y nos ayuda a seguir el camino. Pero es precisamente cuando no sirva para eso o como aceite social en nuestras relaciones, cuando la queja se vuelve disfuncional, errónea o inútil. Aquí se revisa esa queja inútil que nos hace perder energía, ánimo y tiempo, la que nos conduce a la negatividad y al pesimismo, la que en última instancia nos separa tramposamente de la acción. ¿Cuáles son los beneficios de quejarnos adecuadamente?