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Cuando pensamos en que nuestro Maestro Jesucristo nos puede dar una recompensa si guardamos su palabra, tal vez la queramos ver en el instante que la cumplimos. Cuesta un poco más de trabajo pensar en recompensas que serán en el futuro, pero si nos detenemos un momento a analizarlo, eso nos da un propósito de vida, un objetivo que nos lleva a superar nuestras expectativas, donde lo bueno y perfecto no será en este tiempo y en esta tierra como la conocemos, sino en una tierra transformada para que podamos habitar en ella con justicia y paz.
En el Salmo 37 podemos leer una hermosa narrativa de cómo Dios espera que sus hijos puedan disfrutar de esta tierra por heredad, donde marca una división: los que hicieron su voluntad y los que decidieron apartarse de los buenos caminos.
Así en la antigüedad como en nuestros días, la promesa si buscamos hacer la voluntad de Dios es la tierra prometida por heredad, una tierra donde fluye leche y miel. Y esta tierra ha sido creada para que los hombres habiten en ella por siempre, solo que necesita ser transformada, así como nosotros también necesitamos de una transformación con ayuda del evangelio de Cristo.
Los hombres del ayer esperan la misma recompensa, poder vivir en una tierra de justicia y eternal paz, un ejemplo es Job, el cual sabía que todo su sufrimiento sería recompensado si hacía siempre la voluntad de Dios.
By Tunika BibliaCuando pensamos en que nuestro Maestro Jesucristo nos puede dar una recompensa si guardamos su palabra, tal vez la queramos ver en el instante que la cumplimos. Cuesta un poco más de trabajo pensar en recompensas que serán en el futuro, pero si nos detenemos un momento a analizarlo, eso nos da un propósito de vida, un objetivo que nos lleva a superar nuestras expectativas, donde lo bueno y perfecto no será en este tiempo y en esta tierra como la conocemos, sino en una tierra transformada para que podamos habitar en ella con justicia y paz.
En el Salmo 37 podemos leer una hermosa narrativa de cómo Dios espera que sus hijos puedan disfrutar de esta tierra por heredad, donde marca una división: los que hicieron su voluntad y los que decidieron apartarse de los buenos caminos.
Así en la antigüedad como en nuestros días, la promesa si buscamos hacer la voluntad de Dios es la tierra prometida por heredad, una tierra donde fluye leche y miel. Y esta tierra ha sido creada para que los hombres habiten en ella por siempre, solo que necesita ser transformada, así como nosotros también necesitamos de una transformación con ayuda del evangelio de Cristo.
Los hombres del ayer esperan la misma recompensa, poder vivir en una tierra de justicia y eternal paz, un ejemplo es Job, el cual sabía que todo su sufrimiento sería recompensado si hacía siempre la voluntad de Dios.