Testimonios

La sonrisa y Saint Exupery


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A Antonio de Saint-Exupery se le conoce por su magistral obra “El Principito”, que encanta por igual a grandes y a niños. La mayoría ignora, sin embargo, que Saint Exupery fue un hombre extraordinario, de una gran sensibilidad humana y una extraordinaria vocación de servicio. Durante la Segunda Guerra Mundial, combatió con inusitado valor como piloto de guerra la tiranía de los nazis y, de hecho, murió en acción. Años antes, había combatido a los facistas en la guerra civil española. De esta experiencia nos dejó un bellísimo relato titulado La Sonrisa, que no se sabe si fue real o una creación literaria inspirada en algún suceso que vivió durante laguerra.
Cuenta el escritor que fue capturado por el enemigo y arrojado en una celda. Sabía que iban a matarlo al día siguiente y se puso extremadamente nervioso. Hurgó en sus bolsillos en busca de un último cigarrillo y, afortunadamente, consiguió uno. Con manos temblorosas se lo llevó a la boca, pero no tenía fósforos.
Miró al carcelero que, sin prestarle la menor atención, estaba distraído limpiando su arma.
-Señor, ¿no podría darme fuego? -pidió el prisionero con voz adolorida.
El carcelero lo miró sólo un momento, se encogió de hombros y se acercó para encenderle el cigarrillo. Al acercarle el fuego, sus ojos se cruzaron con los de Saint Exupery que le ofreció una profunda sonrisa de agradecimiento. Esa sonrisa prendió en el corazón del carcelero que endulzó su mirada y se le quedó sonriendo un rato con cariño. Las sonrisas fueron borrando las diferencias y acercando sus corazones. Ya no eran preso y carcelero, sino dos hombres intentando comprenderse y aceptarse.
-¿Tienes hijos? -preguntó el carcelero con vivo interés.
Saint Exupery le mostró emocionado las fotos de su familia. También el carcelero sacó las suyas y comenzó a hablar con emoción de sus hijos, de las ganas que tenía de verlos, de las cosas que haría con ellos cuando acabara laguerra.
-Yo, sin embargo, nunca más volveré a verlos -dijo entre sollozos Saint Exupery, y su llanto y su dolor profundo llenaron de lágrimas los ojos del carcelero que, sin decir una palabra, abrió la celda y en silencio condujo al escritor hacia la vida y la libertad.
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TestimoniosBy Zinias