Como seres humanos somos proclives a culpar a Dios por nuestra caídas, pero no es Dios el responsable sino que nosotros mismos somos inducidos desde nuestro interior a cometer actos impuros
Como seres humanos somos proclives a culpar a Dios por nuestra caídas, pero no es Dios el responsable sino que nosotros mismos somos inducidos desde nuestro interior a cometer actos impuros