Judas Iscariote era uno de los doce apóstoles que acompañaban a Jesús: caminaba, oraba por los enfermos y predicaba con ellos, fue el tesorero de la primera Iglesia que se estableció. Pero él tenía el espíritu del diablo: mentiroso, traidor y ladrón. A pesar de ser testigo de tantas maravillas que hizo Jesús; lo traicionó y lo vendió a los sacerdotes, por treinta piezas de plata.