La política no parece demasiado preocupada por el papel que le pueda corresponder tras las actuales transformaciones. La política y sus instituciones escuchan con demasiada tranquilidad los malos presagios acerca de su futuro, como si disfrutaran de una inmunidad teórica y práctica a los cambios. Pero es inminente su expulsión de ese paraíso porque la sociedad le demandará un nuevo rol.