La televisión cultural debe de observarse como un derecho y obligación del Estado. Desde sus inicios se ha desarrollado como un proyecto marginal porque se ha considerado para una audiencia minoritaria y es el tabú que debe de romperse. A pesar de las aportaciones de los canales 11 y 22 de televisión abierta, hasta el momento ningún canal de esta índole ha logrado consolidarse como un organismo autofinanciable frente a la apabullante influencia de la televisión comercial.