Había una vez una ciudad en la que los habitantes no hacían más que pensar en lo que iban a regalar y recibir por Navidad. El duende que vivía en esa misma ciudad, cansado de oír hablar de regalos, decidió usar su varita mágica, nada menos que la varita de la Navidad, para recordarles a todos que hay cosas mucho más importantes que los juguetes y los turrones de chocolate.