Una vez que establecemos comunión con Dios y con sus hijos, es necesario observar una conducta que nos permita crecer en esa comunión. El apóstol Juan nos enseña que la imitación, la separación y, la afirmación son tres rasgos distintivos de la conducta que fomentará la comunión. Escuchemos la predicación y dejemos que Dios moldee nuestra forma de ser.