Entre lágrimas y consciente de que moría de a poco, Aron Castrejon hizo cumbre solo para darse cuenta de que ese llamado a coronar la expedición venía de lo más alto, y así, en interiorización encontró a Dios en la montaña.
Su desarrollo como Ingeniero y deportista le permitieron vivir la disciplina y el rigor que le da la fortaleza; primero para afrontar los golpes de la vida y ahora para buscar permanentemente las cumbres más altas, apoyando y acompañando a nuevos alpinistas que como él tienen Prohibido Rendirse.